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Presencialidad escolar: diseñan estrategias para mejorar la ventilación en las aulas

Se trabajará a partir de la arquitectura de las escuelas bonaerenses, condiciones ambientales y evaluarán la posibilidad de fabricar medidores de CO2 y optimizar los que están.

  • Entrada publicada:21 febrero, 2022

Un equipo interdisciplinario de científicas/os trabaja en el diseño de estrategias para mejorar la ventilación en aulas y disminuir el riesgo de contagio de COVID-19. La iniciativa busca que en la Provincia queden garantizadas las clases presenciales del ciclo lectivo que está por comenzar. Para esto se están evaluando las características edilicias de las escuelas, las condiciones ambientales, bioclimáticas; se trabajará en la optimización de los medidores de CO2 y se evaluará fabricar un producto nacional. 

El proyecto surgió a pedido de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires (DGCyE), las carteras bonaerenses de Salud y Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica e involucra a un numeroso grupo de científicas/aos bonaerenses: físicos, químicos, ingenieros, arquitectos etc. 

Esta iniciativa fue seleccionada en la convocatoria “Ideas-Proyectos” impulsada por la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) y el programa “ImpaCT.AR Ciencia y Tecnología” del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación para dar respuestas a desafíos de interés público.

Andrés Porta, investigador CIC y líder del proyecto.

Entre los desafíos, el proyecto buscará “estudiar el funcionamiento de los medidores de CO2 en las escuelas y mejorar la ventilación con el fin de asegurar una presencialidad de las clases segura, con bajas condiciones para la transmisibilidad del virus”, afirmó Andrés Porta, Investigador de la CIC y director del Centro de Investigaciones Medioambientales (CIM, CIC-CONICET-UNLP).

El proyecto implicará “hacer un estudio de la fluidodinámica del sistema que permita, a través de medidas específicas de dióxido de carbono y de los modelos de circulación de aire, decidir un funcionamiento óptimo de acuerdo a los arquetipos de la escuela en la Provincia que no son tantos (no más de diez)”, aseguró Porta.

El estudio se hará “en función del número del estudiantado, docentes y personal. Queremos asegurar la totalidad de la clase según los turnos, qué grado de apertura de las ventanas, de las puertas, en qué lugar y momento se colocan los medidores de CO2 y cada cuánto se toman las lecturas. Es decir, darle base medible, científica”, explicó.  

Escuelas de La Plata: en busca de un modelo

“Arrancaremos con los estudios en dos escuelas de La Plata. Una ubicada en el casco urbano, bien céntrica, con mucho tránsito, porque el tema es que si se ventila el virus se transmite menos, pero se puede generar un ingreso de contaminación importante”, advirtió Porta.

La otra escuela será en la periferia de la ciudad. “Esto nos permitirá ajustar la metodología. Luego pasamos a la Provincia que se puede dividir en regiones bioclimáticas, por ejemplo, y en función de los patrones de construcción, y de esta forma poder establecer un modelo de las escuelas que están en la provincia y para cada tipo básico proponer un esquema de funcionamiento”.

El punto “crítico” -advirtió Porta- será durante el invierno. “Se combinan varios factores: hace frío, se cierran más las ventanas y, además, se enciende la calefacción”, manifestó. 

El protocolo que se generará será cedido a las escuelas para su implementación. En la Provincia hay 13 mil escuelas de gestión estatal. Para la reducción del riesgo de transmisión de la COVID-19 en las aulas, el Gobierno adquirió 33 mil dispositivos para medir el CO2.

Andrés Porta afirmó que se evaluará la posibilidad de mejorar la prestación de los medidores de CO2. “No es un dispositivo inteligente que esté conectado al wifi, entonces la idea es poder mejorar los que están”. Pero también se evaluará la posibilidad de fabricar un medidor nacional.

Medidores de CO2

Daniel Schinca, investigador de la CIC y director del CIOp.

“Se evaluará la factibilidad de construir los medidores en el país. Tenemos la infraestructura y la capacidad, hay que evaluar si conviene desarrollarlo en el país o importarlo. Es como con la vacuna: si la fabricás acá soluciona un montón de problemas”, dijo Porta.

Por su parte, Daniel Schinca, investigador de la CIC y director del Centro de Investigaciones Ópticas (CIOp), afirmó que “la idea es tratar de desarrollar localmente un sensor de CO2 que tenga conectividad para monitorear los datos de forma remota. La idea es no depender de algo externo y que ese know how que tenemos en el CIOp lo podamos aplicar, adaptándolo a la realidad de la Provincia”. El investigador aclaró que “no se trata de salir a competir al mercado, sino, con el tiempo, cumplir con los requerimientos de la Provincia”.

“En el CIOp probaremos la parte óptica con algunos detectores importados y desarrollaremos la electrónica”, puntualizó. En tanto, otra parte del equipo de científicas/os se encargaría de la calidad de registro y gestión de datos, evaluando la posibilidad de trabajar de forma remota los datos que arrojan los medidores.

¿Cómo funcionan los medidores de CO2? 

“Trabaja por detección óptica”, explicó Schinca. Y continuó: “Este gas, el CO2, absorbe en una cierta región de la luz que no la vemos porque es infrarroja y dependiendo de cuánto disminuye esa luz o deje pasar se puede medir la concentración del gas”.

Hay una proporcionalidad directa entre cuánto se absorbe de esta luz y cuánto CO2 hay. Pero: ¿cuál es la relación entre el CO2 en el ambiente y las partículas que liberamos al respirar?

 “Al respirar exhalamos dióxido de carbono y esto va viciando el aire. Esa condición de un aire viciado o de un aire que necesita ser renovado es la que se aprovecha para asociarla con el virus: como el virus se transmite fundamentalmente por las microgotas que se expulsan al hablar, al toser, etcétera, entonces estas microgotas forman parte del universo del aire viciado”, detalló Porta. 

Dicho simplemente: a mayor CO2 en el ambiente, más aire “respirado” y, por tanto, más chances de que las microgotas expulsadas por una persona contagiada terminen afectando al resto que comparten la sala. 

En países europeos, en Estados Unidos y Japón se fue probando qué tipo de correlación había entre las concentraciones de CO2 y el grado de contagiosidad y armaron una escala. “Si este está en los niveles de 400 ppm (partes por millón) es un aire seguro; en 600 ppm, hay alerta; a partir de 1000, atención porque esto es peligroso. Con esa escala se trabajará”, cerró Porta.

Además de científicas y científicos del Centro de Investigaciones del Medioambiente (CIM, CIC-CONICET-UNLP) y el Centro de Investigaciones Ópticas (CIOp, CIC-CONICET-UNLP) participarán del proyecto expertos y expertas del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencias Aplicadas “Dr. Jorge J. Ronco” (CINDECA, CIC-CONICET-UNLP), el Instituto de Investigaciones y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC, CONICET-UNLP), las facultades de Ingeniería e Informática de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Centro de Investigación y Transferencia de San Nicolás (CIT, CONICET-UTN), y el Laboratorio UPL (CIC-UNLP).