En las costas de Pehuén-Co, Monte Hermoso y Claromecó y a pocos metros de profundidad vive un animal clave para el ecosistema marino que hoy se encuentra en peligro crítico de extinción. Codiciado por algunos pescadores, invisible para otros, suele ser llamado melgacho, guitarra o pez violín y, en estos días, es seguido de cerca por un grupo de científicos bonaerenses.
Parece una raya, tiene cuerpo de tiburón y una forma similar al de una guitarra. Da pelea cuando muerde un anzuelo y puede medir más de un metro y medio de longitud. Se trata de una especie fundamental y poco conocida pero indispensable para el equilibrio del ecosistema marino del Atlántico Sudoccidental que abarca zonas costeras de Argentina, Brasil y Uruguay.
Aunque en Argentina todavía faltan evaluaciones poblacionales detalladas, los datos regionales son contundentes. En el sur de Brasil, la presencia del guitarra grande disminuyó un 96% en apenas diez años. Y si el animal cruza fronteras, el problema también. “Si allá está en peligro crítico, acá también”, explica Andrés Jaureguizar, doctor en Biología, investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas e integrante del grupo Ecosistemas Costeros del Sudoeste Bonaerense, en la Universidad Provincial del Sudoeste.
Desde hace años, Jaureguizar trabaja en la zona de Cabo de San Antonio y el sur de la costa bonaerense, uno de los sectores más importantes para la cría de condrictios, el grupo que incluye tiburones y rayas. Su objetivo es comprender el comportamiento, las rutas migratorias y el rol ecológico de especies como el tiburón gatopardo, el gatuzo, el pez angel y el pez guitarra. Además, integra el Plan de Acción Nacional para la Conservación y el Manejo de Condrictios en la República Argentina.
El trabajo sostenido de investigación y divulgación para la pesca responsable y la liberación de ejemplares derivó en cambios concretos. Entre ellos, la modificación de los reglamentos de distintos torneos de pesca, como Las 24 Horas de la Corvina Negra, uno de los concursos más importantes de Sudamérica por la cantidad de inscriptos y los premios que otorga y que, a partir ahora, obliga a los participantes a devolver estos ejemplares.
Su trabajo y el de los biólogos marinos Andrés Milessi de Mar Azul Uruguayo y Sebastián Gómez de AquaMarina derivó en el documental “Pescadores & Guitarras”, producido por Jumara Films. El film va a ser estrenado en el marco de la edición 2026 del torneo, los días 7 y 8 de febrero en Claromecó. Durante ambas jornadas, el investigador llevará adelante actividades de divulgación junto a los realizadores del documental, con presencia y acompañamiento de la CIC.


Una especie grande, pero frágil
Durante todo el mes de enero, el grupo de trabajo recorrió distintos puntos de la costa bonaerense y realizaron tareas en búsqueda de ejemplares. Allí encontraron embriones que van de los 8 a los 10 cm, un indicio de que la zona podría funcionar como área de cría o parición. Sin embargo, para confirmarlo todavía falta una pieza clave del rompecabezas. “Hay ejemplares chicos pero aún no hay registros de los recién nacidos”, detalla.
El pez guitarra es un predador tope bentónico, es decir, vive y come en el fondo del mar. Se alimenta de crustáceos como langostinos e isópodos, moluscos bentónicos, gusanos marinos, y peces pequeños. Para alimentarse, remueve el fondo con el hocico y las aletas, un comportamiento que lo convierte en un bioturbador. Ese movimiento constante oxigena el sedimento, libera presas para otras especies y mantiene el equilibrio de la comunidad del fondo marino. “No es solo lo que come, sino cómo lo hace”, explica Jaureguizar. Sin guitarras, el fondo cambia. Y con él, todo el ecosistema costero.
La guitarra grande cumple con varias condiciones que la posicionan como una especie vulnerable: es vivípara, se reproduce una sola vez al año y cada hembra tiene entre 4 y 12 crías por camada. Además, crece lento: las hembras alcanzan la madurez sexual recién cuando miden alrededor de 90 centímetros, lo que ocurre entre los 7 y 9 años de edad. Los machos maduran antes, pero también tardan: entre los 5 y 6 años.
Durante la gestación, los embriones se desarrollan a partir de las reservas del huevo, un tipo de reproducción conocida como lecitotrófica. Tras el nacimiento ocurre la cópula y comienza una nueva gestación, aunque los embriones no reinician su desarrollo hasta varios meses después. Este ciclo largo y complejo hace que cada hembra adulta sea clave para la supervivencia de la especie.
“No sabemos exactamente dónde paren. Encontramos madres, embriones, indicios de cópula, pero no los neonatos. Es algo que no solo nos falta a nosotros, Brasil tampoco tiene esa información”, señala Jaureguizar. La ausencia de datos no es casual, quedan muy pocos ejemplares y estudiarlos se vuelve cada vez más difícil.
Durante décadas, el pez guitarra fue capturado sin demasiadas preguntas. Y aunque para la pesca artesanal no resultaba atractivo, para la pesca recreativa fue, y sigue siendo, una presa codiciada porque “da pelea” y su carne es muy apreciada.


Ciencia ciudadana, cañas y un QR
Las tareas de concientización comenzaron hace dos años en Claromecó, Pehuén-Co, Reta y Monte Hermoso. Biólogos, pescadores, guías de pesca y turistas compartieron charlas en la playa, intercambiaron información y empezaron a construir algo clave: confianza. La respuesta fue mejor de lo esperado. Muchos pescadores coincidieron en lo mismo: si hay que liberarlo, no hay problema.
El proyecto dio un paso más y se transformó en una experiencia de ciencia ciudadana. A los pescadores se les pide algo simple pero muy valioso: medir, fotografiar, marcar y registrar los ejemplares capturados y luego liberarlos. A través de un código QR, pueden comunicarse con el equipo de investigación y cargar datos como tamaño, sexo, temperatura del agua y lugar de captura. “Cada dato suma. Incluso si el pez no está marcado, la información sirve”, explica el investigador.

Ese trabajo colectivo es el corazón de “Pescadores & Guitarras”, el documental desarrollado por Jumara films con la colaboración de Mar Azul Uruguayo y On the Edge Fund, que sigue a Andrés Jaureguizar y Sebastián Gómez mientras salen del laboratorio y se adentran en el territorio, con el objetivo de cambiar la forma en que la sociedad se vincula con el mar. Y aunque la Guitarra esté en peligro crítico de extinción hay una red que empieza a tejerse entre científicos, pescadores y comunidades costeras que tienen como finalidad su conservación y una idea guía: “sin guitarras no hay rock and roll”.
Por Mariana Hidalgo