La ciencia argentina vuelve a ocupar un lugar destacado a nivel mundial, al participar de la misión Artemis II de la NASA, que tras más de 50 años volverá a lanzar un vuelo tripulado hacia la órbita de la Luna.
Tamaño suceso, que se condice poco con la dramática situación de desfinanciamiento que vive actualmente el sistema científico nacional, está vinculado a la firma por parte de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de los Acuerdos Artemis en 2023, que permitieron al país incorporarse a esta misión histórica.
La colaboración local con este proyecto se da a través del microsatélite ATENEA, que viajará como carga secundaria a bordo del cohete Space Launch System (SLS) de la agencia espacial estadounidense, cuyo despegue está previsto en una ventana que se extiende entre el 6 de febrero y el mes de abril.
Bajo la dirección de la CONAE, este satélite es fruto del trabajo conjunto entre la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG S.A..
En este marco el aporte de la ciencia bonaerense fue determinante. En particular el IAR -dependiente de la Comisión de Investigaciones Científicas- junto con la UNLP y el Conicet, en conjunto con el SENyT*, tuvo el desafío de realizar la precalificación electromagnética de las antenas para garantizar la comunicación con ATENEA cuando se ubique a la distancia récord para un satélite argentino: 70.000km de la Tierra.

De radioaficionado a trabajar con satélites
Martín Salibe es responsable del Área de Transferencia y Vinculación Tecnológica del IAR, donde trabaja desde hace más de veinte años. A sus ocho años fue el radioaficionado más joven de la provincia de Misiones y desde entonces su pasión por la radiofrecuencia y el espacio no dejó de crecer.
Salibe formó parte del equipo de diez profesionales del instituto que resolvió en apenas dos meses las pruebas de precalificación electromagnética de las antenas de ATENEA, en base a la experiencia acumulada (el know-how) de haber participado previamente en otras misiones espaciales, inclusive con la NASA.
“El IAR participó en toda la caracterización y validación de las antenas y la caracterización electromagnética del satélite”, explicó Salibe. Para esto, construyeron un prototipo idéntico al microsatélite y realizaron ensayos, primero simulando las antenas, luego con antenas propias y por último con las que efectivamente volarán al espacio.
“Probamos cómo se comportaban las antenas con el satélite, porque cuando se acoplan con la estructura de éste, tienen un comportamiento distinto al que presentan de forma aislada. Entonces medimos todo el conjunto y validamos su comportamiento electromagnético general”, detalló.
La precisión del trabajo, requiere una rigurosidad extrema debido a la distancia a la que se ubicará el objeto en cuestión: “hay que pensar que va a estar a 70.000 kilómetros. Cualquier movimiento influye sobre los lóbulos de radiación de las antenas. Por eso, una buena caracterización nos permite actuar en función de esos datos para lograr las comunicaciones”.
Pero la principal diferencia con las misiones anteriores en las que participó el IAR, es que en esta habrá una tripulación de cuatro personas a bordo: “eso exigió protocolos y normas de calidad mucho más estrictos, por el riesgo que implica para los astronautas, algo que no estaba presente en experiencias previas. Aprendimos mucho y tomamos recaudos adicionales”.


Infraestructura propia
Para realizar estas pruebas el IAR cuenta con infraestructura propia, que ya había sido utilizada para la participación en otras misiones como los satélites argentinos SAOCOM y SAC-D Aquarius.
El instituto cuenta con una “sala limpia”, un ambiente controlado destinado al análisis de componentes de vuelo y a ensayos e integración de sistemas especiales utilizados en los sectores aeroespacial, nuclear y médico, entre otros.
La otra instalación que utilizaron para probar las antenas fue la Cámara Anecóica: “una sala de 8 metros de ancho, 6 de alto y 12 de largo, completamente recubierta con paneles absorbentes de radiofrecuencia. Allí podemos ensayar antenas y equipos como si estuvieran en el espacio”.

El objetivo de ATENEA
El microsatélite argentino tiene la misión de validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales. En ese marco, medirá radiación en órbitas profundas; evaluará componentes para uso espacial; captará datos GPS para órbitas de transferencia geoestacionaria; y validará enlaces de comunicación de largo alcance. “Es, básicamente, un observatorio en miniatura”, apuntó el profesional del IAR.
La información que capte ATENEA puede resultar clave para el futuro de la exploración espacial. “Esperamos que nuestro trabajo sea trascendente y que los datos recopilados contribuyan al desarrollo de la humanidad”, concluyó Salibe.
* Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT) es una unidad de investigación, desarrollo, extensión y transferencia tecnológica de la Facultad de Ingeniería (UNLP)
Por David Barresi