Dentro de la Agricultura familiar de la región se encuentra, en el sur del AMBA, el cordón frutihortícola más importante del país. Comprende los partidos de La Plata, Florencio Varela y Berazategui; se caracteriza por su enorme y constante caudal productivo durante todo el año. Se calcula que en este territorio hay alrededor de 5 mil productores familiares labrando la tierra y abasteciendo de alimentos a toda la Provincia.
Desde hace más de quince años, organizaciones de productores, la Universidad Nacional de La Plata y distintos organismos del sistema científico, como el INTA-IPAF Región Pampeana, vienen desarrollando experiencias conjuntas para fortalecer la producción, el agregado de valor y la comercialización de alimentos, promoviendo al mismo tiempo procesos de transición agroecológica hacia sistemas productivos más sostenibles.
En ese contexto, un equipo interdisciplinario coordinado desde la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNLP desarrolla una investigación que analiza cómo diversas innovaciones socioproductivas contribuyen a fortalecer los sistemas agroalimentarios sostenibles. El estudio analiza comparativamente seis experiencias desarrolladas durante los últimos quince años.
El proyecto estudia los eslabones de la cadena agroalimentaria —producción, agregado de valor, comercialización y consumo— y las estrategias que permiten generar formas más sostenibles de producir y acceder a los alimentos. El objetivo es comprender qué factores favorecen su sostenibilidad, su capacidad de innovación y sus posibilidades de ser replicadas en otros territorios. Es dirigido por la doctora Paula Fontana y es apoyado financieramente por la Comisión de Investigaciones Científicas a través de la convocatoria Ideas-Proyecto.
Alimentos sanos, de calidad, a precio justo
El proyecto en cuestión se titula “Fortalecimiento de entramados productivos locales: Análisis de estrategias de innovación para la producción, agregado de valor y comercialización de la Agricultura Familiar de La Plata y Gran La Plata”. La articulación de los productores con la UNLP lleva más de 20 años, cuando estos comenzaron a desplegar estrategias de comercialización de sus producciones de alimentos directo al consumidor.
En las facultades de Ciencias Agrarias y Forestales, Ingeniería, Trabajo Social, Artes y en el Paseo de la Economía Social y Solidaria en el Rectorado se encuentran ferias donde se pueden adquirir productos de las y los productores familiares directo al consumidor. “Con esta estrategia se conseguía un beneficio bidireccional: mejores ingresos de las familias productoras y alimentos a precios accesibles y de calidad para los consumidores”, explica Paula Fontana respecto a esta innovadora estrategia de fortalecimiento del mercado interno.
Otra intervención científica con este sector productivo se impulsó con la Sala Comunitaria de Elaboración de Productos con Agregado de Valor de la Agricultura Familiar, en la Facultad de Ciencias Veterinarias. Allí comenzaron a elaborarse alimentos a partir excedentes de la producción de estación que no encontraban salida comercial —tomates, berenjenas, zapallos, cítricos— transformándolos en salsas, mermeladas, escabeches, pickles y verduras deshidratadas. “No fue solo una alternativa de agregado de valor: permitió articular actividades de investigación, docencia y extensión con cursos, cátedras, e instituciones diversas, además de aportar experiencias para repensar las normativas vinculadas a la elaboración artesanal de alimentos”, señala la directora del proyecto.


La sala fue habilitada bajo el régimen provincial de Pequeñas Unidades de Producción de Alimentos Artesanales (PUPAS), una normativa impulsada por el Ministerio de Desarrollo Agrario de la PBA, pensada para la pequeña escala que permitió que alimentos elaborados artesanalmente pudieran comercializarse con garantías de inocuidad y calidad.
Otra de las innovaciones fue la Comercializadora de la Economía Social y Solidaria “La Justa”, una estrategia de intermediación solidaria, que funciona a través de una página web (www.lajusta.unlp.com.ar) desarrollada por estudiantes de la Facultad de Informática durante la pandemia para sostener la comercialización cuando las ventas presenciales se encontraban restringidas.
La web está disponible de viernes a martes para solicitar pedidos, los productores preparan los pedidos confirmados, los jueves llevan la mercadería al galpón de acopio de La Justa (situado en el predio de la Secretaría de Políticas Sociales de la UNLP) desde donde se distribuye, los viernes, a una red de catorce nodos de cercanía —sindicatos, centros culturales, organizaciones políticas y otras facultades— donde unos 400 consumidores retiran sus compras cada quince días. “La Justa funciona con una lógistica precisa gracias a estas innovaciones y con esto se logra la venta semanal de alrededor de 250 productos de 200 familias productoras”, explica Fontana.
Cuando, terminada la pandemia, ese esquema de nodos dejó de ser cómodo para quienes habían vuelto a trabajar fuera de su casa, surgió la última innovación: los “almacenes cooperativos”, dos puntos fijos de intermediación solidaria que funcionan de lunes a viernes en las facultades de Veterinaria y de Trabajo Social.


Agricultura familiar, ciudadanía y soberanía alimentaria
El proyecto no se limita a reconstruir la historia de estas experiencias, sino que busca compararlas en cinco dimensiones —gestión, comunicación, construcción de mercados, redes y consumo— para comprender qué estrategias favorecen su sostenibilidad y permiten fortalecer o replicar este tipo de innovaciones en otros contextos.
Las experiencias desarrolladas junto a organizaciones de la agricultura familiar constituyen los casos de estudio a partir de los cuales el equipo analiza estos procesos de innovación. En este sentido hay algunos conceptos claves como son la agroecología, la soberanía y la ciudadanía alimentaria.
Respecto a la “ciudadanía alimentaria” la investigadora explica que “no alcanza con que el productor tenga dónde vender” sino que “también es importante promover consumidores informados y comprometidos con los sistemas alimentarios de su territorio”, “capaces de valorar cómo se producen los alimentos y el impacto que tienen sus decisiones de consumo”.
Otro de los enfoques presentes en el proyecto es la agroecología, entendida no solo como una forma de producción, sino como “un enfoque integral” que propone “mejorar simultáneamente la salud de los ecosistemas, de quienes producen y de quienes consumen los alimentos, promoviendo la equidad, la organización y el fortalecimiento de los entramados productivos locales ”.
Por otra parte la Soberanía Alimentaria es entendida como la posibilidad de fortalecer sistemas agroalimentarios capaces de responder a las necesidades de los territorios mediante formas más sostenibles de producción, agregado de valor, comercialización y consumo. “Se trata de que los consumidores comencemos a preguntarnos qué queremos consumir, cómo y a quién se lo estamos comprando; que los productores puedan decidir sobre qué producir y cómo cuidar la tierra qué trabajan, que las intermediaciones se piensen de manera solidaria, con un rol activo y sin una apropiación extrema del excedente”, explica Paula Fontana.
Por Juan Vera Visotsky