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Emplean bacterias para reducir el uso de agroquímicos en alimentos hortícolas

Un equipo de investigación de La Plata está desarrollando bioinsumos multiespecie a base de bacterias nativas del cinturón hortícola platense. Comprobaron que se puede reemplazar al fungicida químico en la producción de plantines de lechuga y tomate sin costos productivos.

  • Entrada publicada:20 octubre, 2026

En el cinturón hortícola de La Plata, uno de los principales del país, el modelo de producción predominante se caracteriza por cultivos en invernadero, labranza convencional y un elevado uso y dependencia de insumos químicos. El tomate ocupa el primer lugar entre las hortalizas cultivadas bajo cubierta y la lechuga es el cultivo de hoja más importante. Frente a esto, la búsqueda de prácticas agrícolas más sustentables es una deuda pendiente en las agendas científicas y productivas.

Allí es donde interviene con sus investigaciones el Grupo de Microorganismos de Aplicación en Agricultura del del Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI, CONICET-UNLP), que busca desarrollar un bioinsumo, es decir, utilizar organismos vivos para desarrollar un insumo que potencie la horticultura en este territorio de la Provincia. El proyecto es dirigido por la Dra. María Flavia Luna, Investigadora Independiente de la CIC,  y cuenta con el apoyo económico de la Comisión de Investigaciones Científicas a través de la convocatoria Ideas-Proyecto.

El proyecto utiliza bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPB) que fijan nitrógeno del aire transformándolo en compuestos asimilables por las plantas, que también producen fitohormonas que aumentan el volumen radical y que son capaces de solubilizar fósforo haciéndolo biodisponible, entre otras funciones que contribuyen a reducir el uso de agroquímicos. El grupo de trabajo del CINDEFI dispone de una colección de 260 bacterias aisladas de plantas de tomate de la región y caracterizadas in vitro en estas capacidades.

“Los microorganismos están vivos cuando se aplican: tienen que reproducirse y mantenerse en el tiempo para poder ejercer su efecto promotor”, explica la doctora Luna. El Dr. Santiago Vio, becario posdoctoral del CONICET e integrante del equipo añade que “la planta nunca se asocia con una sola especie de bacteria, sino con una población infinitamente diversa”. Por esta razón es que decidieron inocular múltiples bacterias, diseñando un bioinsumo conocido como “multiespecie”.

El nuevo bioinsumo se puso a prueba en plantaciones de tomate y lechuga.

El corazón del proyecto: los conjuntos de bacterias multiespecie

Luna explica que caracterizaron una colección de bacterias con propiedades promotoras del crecimiento vegetal, que potencialmente “podrían ayudar a que las plantas crezcan usando menos agroquímicos”. “Pero para saber si efectivamente funciona hay que evaluarlas in vivo: cultivarlas en el laboratorio y aplicarlas cuando la planta está creciendo, para ver si la raíz es más grande, si la lechuga rinde más, si el tomate tiene mejores frutos. Y en vez de aplicar una sola bacteria, aplicamos varias juntas, para asegurarnos de que las funciones que buscamos se cumplan. No son mágicas: por eso hay que validar y ver qué combinación funciona mejor”, explica.

La hipótesis del equipo es que un bioinsumo con varias bacterias compatibles entre sí —lo que llaman “multiespecie” o “de segunda generación”— es más robusto que uno de una sola cepa. “Al poner varios microorganismos juntos —algunos con la misma función, otros con funciones distintas— te aseguras que, si uno no prospera en un entorno determinado, la función que buscás la cumple otro. Eso se llama redundancia funcional“, dice la directora del proyecto.

Para armar las combinaciones, el equipo primero evaluó la compatibilidad entre los 31 aislamientos seleccionados: descartaron las parejas que se inhibían entre sí en placas de cultivo. Con ese mapa de compatibilidad diseñaron seis bioinsumos orientados a la promoción del crecimiento y tres orientados al biocontrol de fitopatógenos, todos de cuatro componentes, por encima del mínimo de tres comprometido en el proyecto.

¿Qué resultados vienen obteniendo hasta ahora la investigación? Los nueve preparados se validaron primero en condiciones controladas en el CINDEFI. En lechuga, uno de los bioinsumos (MS-PGP5) incrementó la biomasa radical un 43 %, la aérea un 69 % y la total un 64 % respecto del control sin inocular. En tomate, otro de los preparados (MS-PGP4) mostró incrementos cercanos al 50 % en parte aérea y biomasa total.

Luego vino la prueba de fuego: la validación en la plantinera comercial Babyplant S.A. y en la Estación Experimental Gorina del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, con un ensayo encadenado que siguió a los plantines hasta su etapa productiva bajo cubierta.

Los investigadores aseguran que el resultado más relevante fue el de la sanidad. La eliminación del fungicida químico en la etapa de plantinera no se tradujo en diferencias observables en la sanidad de los plantines ni en el resultado productivo posterior. “Las plantas no se enfermaron más”, resume Vio. Los bioinsumos funcionan más como preventivos que como curativos: “un plantín robusto y bien nutrido por estas bacterias es, como con las personas, menos propenso a enfermarse”.

El nivel de fertilización, en cambio, presentó un comportamiento dependiente del cultivo. En lechuga, reducir al 50 % el fertilizante no afectó el rendimiento a cosecha: los tratamientos con bioinsumos no se diferenciaron del convencional, con pesos comerciales de entre 391 y 405 gramos por planta frente a los 316 del testigo sin inocular en la etapa productiva. En tomate, en cambio, la reducción al 50 % tuvo un costo en biomasa de plantín que los bioinsumos no alcanzaron a compensar.

“Bajamos al 50 % el nitrógeno, fósforo y potasio, y el bioinsumo no llegó a compensar esa reducción. Fue el primer ensayo con esa dosis; probablemente haya que bajar menos”, reconoce Luna; en tanto Santiago Vio valora el resultado del estudio porque “en ciencia cualquier ensayo es exitoso, te dé o no lo que esperás”. “En caso que el resultado no sea el esperado aprendes algo y podés ajustar el diseño del próximo”, añade.

Una colección de referencia para la provincia

El proyecto del CINDEFI deja como legado una colección microbiana de referencia caracterizada en cuanto a su compatibilidad, disponible para el diseño de nuevos bioinsumos y para su eventual transferencia a empresas del sector. Durante el período, el grupo prestó servicios tecnológicos de alto nivel a empresas como Biotica Life Sciences y BeCaps en la misma temática.

“Lo que hacemos es tomar una muestra de suelo o de planta, la sembramos en placas con medio de cultivo y armamos una colección. Después caracterizamos cada aislamiento y evaluamos si sirve”, explica Luna. “No son mágicas: por eso hay que validar y ver qué combinación funciona mejor”.

“Un litro de bioinsumo bacteriano sale mucho más barato que un agroquímico, pero el problema no es solo de precio: es un cambio de paradigma, dejar de ‘tirarle todo lo químico que puedo’ a algo e incorporar un microorganismo vivo. Ese cambio de mentalidad lleva un trabajo largo”, sostiene la directora del proyecto. A futuro el proyecto de investigación se propone que estos bioinsumos puedan ser utilizados para mejorar los cultivos que luego van a las verdulerías para después formar parte de alimentos inocuos con menos químicos para las y los bonaerenses. 

Por Juan Vera Visotsky